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Se trata de conformar los distintos aspectos de la comunicación interna, las habilidades sociales, la resolución de conflictos y la regulación de emociones.

Prevenir el secuestro emocional

Rescata tus emociones de una posible explosión.

Prevenir el secuestro emocional


Al final del artículo” Momento de calmarnos“ se menciona que hay varias formas de prevenir que las emociones explosivas nublen nuestra razón. Veremos algunas ideas prácticas que funcionan en el genérico de las personas que no padecen de una enfermedad mental.

En primer lugar la regla de oro es la de los 90 segundos, siendo una valiosa herramienta para volver al auto-control emocional. En ese lapso es posible que el cerebro se conecte con su lado izquierdo (el racional), el cual tiene un circuito inhibitorio de la amígdala. Luego, puede elegir una respuesta socialmente más inteligente y volver al equilibrio emocional.



Algunas ideas útiles:
1. Poner atención a las manifestaciones físicas.
Suele suceder que momentos previos a que la amígdala tome el mando de nuestras acciones y deje a un lado al cerebro racional, el cuerpo envía señales: la mandíbula agarrotada, aceleración del ritmo cardíaco, sensación de calor en la cara y en la cabeza u otras reacciones similares. Estas señales constituyen una alarma. Si prestamos atención a dichas señales tendremos la oportunidad de poner freno y evitar que la emoción aumente.

2. Realizar dos o tres respiraciones profundas.
Con la respiración profunda el cerebro recibe más oxígeno y ayuda a calmar la situación quitándole gravedad al tema y pensar con más claridad.

3. Practicar la meditación consciente.
El hábito de la meditación fortalece nuestra capacidad de mantener la calma en momentos críticos. Si se practica con regularidad, se calma el ruido emocional en nuestras vidas, fortalece nuestro auto-control y se puede reducir el estado de ansiedad en un 40-60 por ciento.

4. Identificar la emoción.
Cuando se prende la alarma chequear lo que se está sintiendo, preguntándose por ejemplo: "¿Me estoy enojando?" o "¿Me está invadiendo la impaciencia?" ¿Es que me estoy creyendo lo que me dice esa persona?
Este tipo de cuestionamiento (conversación interna) que nos hacemos en forma muy rápida, en pocos segundos, sobre nuestros sentimientos debilita la respuesta de la amígdala (agresión física, verbal, parálisis, huída, etc.) y permite que se vaya elaborando una respuesta más civilizada socialmente. Recordando “ El coleccionista de insultos “, si no acepto los insultos, éstos le siguen perteneciendo a quién los pronunció.

5. Reinterpretar la situación.
Reformular la situación que interpretamos en forma negativa para cambiar nuestro marco de referencia por uno más positiva. Por ejemplo: "Mi jefe no quiere que yo vaya a la reunión para exponer mi idea como suya", podría ser visto como "Mi jefe va a quedar como un héroe con mi idea frente al Directorio. Me siento importante”.
El hecho en sí de replantear concientemente la situación conecta el cerebro racional y aplaca la amígdala.

6. Reconocer los disparadores o detonadores.
Hay más probabilidad de caer en un secuestro emocional si nos encontramos por ejemplo bajo efectos del cansancio, estrés o miedo. Llegar a conocer los disparadores personales es una buena forma de evitar ser sorprendido por una reacción emocional reprochable.

Por ejemplo, si uno de tus valores esenciales es el compromiso y el proveedor no entrega un trabajo pedido en tiempo y forma, ésto podría disparar una reacción desmedida y hacer que pierdas tu forma.
Si la honestidad es un valor importante para tí y estás rodeado en el trabajo o en la familia de ocultamientos, dudas y desconfianza, esto podría ser un desencadenante.

El detonador siempre es algo real y puede actuar en tu memoria contactando un recuerdo algo malo o dañino del pasado. Provoca una asociación o un recuerdo en tu mente y puede activar emociones, memorias, pensamientos y conductas.
Cuando surge algo en el presente que nos recuerda un acontecimiento negativo no resuelto del pasado, sentimos las emociones asociadas con ese acontecimiento pasado. Ejemplos: ‘Nunca debí haber confiado en él/ella,’ ‘No le voy a soportar que me diga algo así’ ‘Yo soy un perdedor, siempre me pasan por encima’. etc. Las reacciones a los detonadores pueden ser dramáticas y rápidas, por ejemplo, golpear a alguien que dice algo que me hiere en mis sentimientos o principios o que lo mira de una manera desagradable, alejarse sin luchar por sus propias convicciones, etc.
En estos casos se ha apagado la parte del cerebro que necesitas para pensar claramente, recordar tus valores y lo que es importante para tí, y reflexionar sobre tu propia conducta.

Si eres un líder, es importante que puedas reconocer los signos de la aparición de un asalto de amígdala en un miembro de tu equipo y ayudarlo a restablecer el equilibrio. Por ejemplo, para algunos, tener que lidiar con un cambio repentino en la empresa o la falta de control sobre su horario de trabajo puede ser particularmente estresante.

Robert Dilts dijo “Muchas de las dificultades que experimentamos con los demás están más relacionadas con nuestra proyección y nuestra interpretación que con su verdadera intención.”


“Enfurecido, Mike Tyson arrancó un pedazo de oreja a Evander Holyfield durante una pelea de 1997 por el título de peso-pesados. Un cabezazo de Holyfield lo inundó de recuerdos coléricos de un match perdido contra él tiempo atrás en el que su adversario había hecho lo mismo.
Tyson fue víctima del centro de alarma del cerebro y la estructura que desempeña el papel clave en las emergencias emocionales (la que nos hace estallar) es la amígdala.
La amígdala es el banco de la memoria emocional del cerebro, depositaria de todos nuestros momentos de triunfo y fracaso, esperanza y miedo, indignación y frustración. Para su papel de centinela utiliza todos esos recuerdos almacenados, inspeccionando toda la información que ingresa (todo lo que vemos y oímos a cada momento) para evaluar la posibilidad de amenazas y oportunidades, comparando lo que está sucediendo con los moldes almacenados de nuestras experiencias anteriores.” Daniel Goleman, La inteligencia emocional en la empresa, 2010.


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